Supraconciencia: buen negocio, mala ciencia, peor religión

Supraconciencia: buen negocio, mala ciencia, peor religión

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«Lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar». -- San Pablo a los atenienses (Hch 17, 23)

Hay un señor muy serio que dice que puede demostrar que Dios existe, y que la fórmula de esa demostración está en su libro. En sus cuatro primeros meses despachó cerca de trescientos mil ejemplares. Cuenta el señor que el Papa de antes, Bergoglio, lo llamó, lo recibió en audiencia privada y quiso saber: «¿Cómo es que usted llena teatros de dos mil personas o más y las iglesias están vacías?». La respuesta «un poco dura» que le dio, tal como se la he oído en persona, es que eso ocurre porque la Iglesia habla de dogmas mientras que él habla el lenguaje universal de la Ciencia, con mayúsculas.

Este señor muy serio es el cirujano octogenario Manuel Sans Segarra y el best seller lo escribió con --aunque podríamos eliminar la preposición-- Juan Carlos Cebrián, un periodista que se presenta como emprendedor del «bienestar y el desarrollo personal», que es como se llama la autoayuda cuando disimula. El libro se titula La Supraconciencia existe y se subtitula Vida después de la vida, que es, mira qué casualidad, el título con que Raymond Moody inauguró el género en 1975. Doctor y emprendedor se conocieron en abril de 2023, y en septiembre de 2024 la obra estaba ya expedida en la mesa de novedades. Quién puso la firma y quién la prosa es cosa que la cubierta no aclara, pero el lector adivina al tercer párrafo.

Diecisiete meses pasaron entre el apretón de manos y el éxito superventas. Como «producto» de mercado editorial, marca Planeta, es realmente encomiable --felicitaciones al editor pergeñador--; pero como ensayo, ¡ay!, estamos ante un pastiche donde la física cuántica aprendida de oídas se da la mano con el Vedanta en edición de kiosco.

Vayamos al grano. En primer lugar, cabe decir que «la Ciencia con mayúscula» aludida no quiere saber nada del doctor. Las críticas no se hicieron esperar, y llegaron de esas mismas Voces de la Comunidad Científica Realmente Existente, que no perdonan que un parvenu de bata verde se pasee por la mecánica cuántica sin haber hecho cola. Tienen razón en casi todo lo que niegan. El libro salta del electrón al alma con una alegría que haría sonrojar a un estudiante de primero, y deja tantos flancos al descubierto que criticarlo es tirar a puerta vacía. El físico Javier Santaolalla lo ha despachado como el peor libro de ciencia que ha leído en su vida, y no seré yo quien le discuta el podio. Tampoco en lo experimental hay novedad: las experiencias cercanas a la muerte llevan medio siglo estudiándose con bastante más seriedad --Moody, Greyson y su escala, Van Lommel en The Lancet, Parnia y sus paradas cardiacas--, y el doctor no añade a ese expediente más que su firma.

Sucede que a los fiscales del doctor también se les ve el plumero. Un químico nos recuerda que la conciencia es producto del cerebro, y santas pascuas. ¿Producto? Eso no ha salido de ninguna probeta: es metafísica de contrabando, y de la mala. Que el pensamiento necesite del cerebro como la música del piano no convierte al piano en compositor. Pero el materialista razona como el pescador de Eddington --físico, por cierto--, que faenando con red de malla ancha concluía muy ufano que en el mar no hay peces pequeños: su método solo atrapa lo que se pesa y se mide, y de ahí deduce que no existe nada más. Lo que no se cuenta, no cuenta. Es la vieja manía de explicar lo superior por lo inferior: el alma por la neurona y la fuga de Bach por los gramos de tinta. Y encima la tesis se desmiente sola. Si el pensamiento es una secreción del cerebro, como la bilis lo es del hígado --la ocurrencia tiene ya dos siglos--, también lo es la tesis del químico, y de una secreción nadie espera que sea verdadera: basta con que fluya.

Ya circula, además, un contralibro titulado, con derroche de imaginación, La supraconciencia no existe; y un neurofisiólogo norteamericano sentencia que creer en una conciencia más allá del cerebro pertenece al «reino de la fe». O sea: lo que no cabe en el escáner, a la sacristía.

Hasta aquí la pelea de la ciencia mala contra la ciencia miope. Pero no es eso lo que me interesa. Lo preocupante, para un creyente, es que el libro resulta igual de impresentable visto desde la religión. Si como ciencia es el peor que ha leído el citado físico, como espiritualidad es de lo más tóxico que puede caer en manos de un bautizado. Mezcla churras con merinas con perseverancia, y con esa mezcla despacha un veneno conocido.

La primera pifia es confundir lo que se sabe con lo que se cree. El doctor asegura haber llegado por vía científica a lo mismo que enseña la Iglesia: una inteligencia primera, creadora del universo. Enhorabuena. Aristóteles llegó sin acelerador de partículas, y a santo Tomás le bastó un artículo de la Suma para dejar trazadas cinco vías: lo que se mueve pide un motor, lo causado una causa, lo que pudo no existir un ser que exista por sí mismo. El primer motor nunca necesitó microtúbulos. Y para la quinta vía, la del orden, basta con mirar: las cosas que carecen de entendimiento no aciertan con su fin por casualidad, como la flecha no da en el blanco sin arquero. Ya puede un tornado barrer un desguace un millón de veces, que nunca dejará montado un Boeing; la imagen es del astrónomo Fred Hoyle, nada beato. Y el universo entero, con unas leyes tan puntuales que se dejan escribir en ecuaciones, es bastante más fino que un Boeing.

Que Dios existe no es, pues, cuestión de fe, como cree el neurofisiólogo, ni de Ciencia con mayúscula, como cree el cirujano, sino de pura razón. Lo definió el Concilio Vaticano I, y san Pablo llamó «inexcusables» a quienes no llegan al Creador por sus obras. Quien «no llega» no es por carecer de fe, sino de luces, o de ganas de encenderlas.

La fe sí hace falta para dar el salto desde la constatación racional de ese «algo hay» creador, ausente e indiferente, hasta la creencia en el Dios personal cristiano. A este Dios que se hizo carne, que murió en la cruz, resucitó y nos acompaña, llegamos por la Revelación. Eso no se demuestra porque hay que recibirlo, y «eso» es, justamente, lo que la supraconciencia pretende jubilar.

Ahí está la segunda pifia, el Dios que sale de la mezcla. Porque nuestro «demostrador» aclara en sus entrevistas que su Dios es el de Spinoza, que todo lo perdona y a nadie juzga --nos juzgamos nosotros mismos, faltaría más--, y que eso del castigo nos lo contaron para meternos miedo. Se le escapa al doctor que el Dios de Spinoza, Deus sive Natura, ni crea el universo ni perdona nada: «propiamente hablando, no ama a nadie, ni odia a nadie», dejó escrito el pulidor de lentes en su Ética. Un Creador que no crea y un perdón sin nadie que perdone. Vaya.

Así que lo que queda, una vez retirada la tramoya cuántica, es el surtido habitual del herbolario espiritual: Upanishads en dosis homeopáticas, el holograma, Jung, el ego como único pecado y la supraconciencia --avalada, cómo no, por Yogananda-- como redentor. Un más allá sin Juicio, un Dios sin Cruz, una salvación sin Salvador. O sea, lo que viene siendo el «algo hay» de toda la vida, la respuesta de quien no ha dedicado al asunto ni una tarde, pero con función de onda.

Y aquí está el veneno. Porque esa ocurrencia del «algo hay», por tonta que parezca, y sea, es un credo, y tiene una parroquia poderosa. Es la religión difusa y universal de siempre, ya adore al Gran Arquitecto sin rostro, sin dogma y sin altar, ya a la Energía en cualquiera de las diversas variantes que acierte a bautizar la última excrecencia New Age.

El propio doctor lo ha dejado dicho al revelar que, en la audiencia papal, según recogió La Vanguardia: «Llegamos a un acuerdo en que existe una inteligencia primera, un Arquitecto Original, el origen de todas las religiones, al que cada cultura ha llamado de forma distinta: Dios, Alá, Jehová, Brahma, Tao...». A Sans Segarra no le cabe duda de que «Esa supraconciencia es Dios en cada uno de nosotros». Después visitó al dalái lama y sintió, dice, «lo mismo, lo mismo». Un Dios, en suma, al que le da igual una confesión que otra.

En fin, me tocó hace poco compartir con el superventas una velada donde repitió, con la esperada rotundidad, que él ha demostrado que Dios existe.

Pero no. Lo máximo que alcanza a decir su libro, y lo dice fatal, es ese «algo hay» que ya los atenienses grabaron en un altar: Al Dios desconocido. San Pablo lo vio y, lejos de felicitarlos por el hallazgo, les anunció Quién era. La Iglesia lleva veinte siglos anunciando a ese Dios con nombre propio, que el negocio de ahora quiere devolvernos al altar del Desconocido.

Podemos imaginar al doctor en el Areópago, firmando ejemplares junto al altar del Dios desconocido, mientras el Apóstol guarda cola para explicarle, con paciencia bíblica, Quién es ese Algo.

La receta de la sopa de ajo, doctor, ya estaba en la carta hace milenios.

 

16 comentarios

Sancho
"Llegamos a un acuerdo en que existe una inteligencia primera, un Arquitecto Original, el origen de todas las religiones". Si es verdad que llegó a ese acuerdo con Francisco, entonces este no era católico sino masón, al menos de ideas masónicas; de hecho, se sabe que en Argentina tuvo relación con una asociación de franquicia masónica, los rotarios.

Este doctor empezó con eso de la supraconciencia cuando pudo comprobar algunos casos de experiencias cercanas a la muerte, que, como es natural, solo se atreven a contarlas algunos de los que han tenido experiencias digamos que "luminosas" o muy preliminares; pero no ha tenido en cuenta que hay otros, pues alguno sí lo ha contado, cuyas experiencias han sido muy angustiosas, y que, a diferencia de los primeros, lejos de no querer volver, han suplicado ayuda en el último momento, tras ver el estado de su conciencia y las consecuencias de todos los pecados de su vida, y verse arrastrados hacia un lugar tenebroso.
3/10/26 1:57 PM
Ángel
Iluminador artículo. Gracias.
3/10/26 6:27 PM
enri
Yo creo en Dios. Creo en las ECM. Sé que hay gente que no cree en Dios y que no cree en las ECM.

Creo en Dios porque Dios me ha demostrado, siempre, en lo más Sagrado de mi Alma, que Él siempre está a mi lado y me escucha siempre y cuando reclame Su Atención de una forma intensa, con una profunda devoción hacia Él.

Creo en las ECM porque hay muchos testimonios y porque, yo, además, he tenido 2 experiencias (no sé si se consideran ECM, ya que las ECM tienen un componente de salir del cuerpo etc.) en las que vi la “luz blanca” y sabía que si seguía me iba. No me daba ningún miedo atravesarla, todo lo contrario, sentía una gran Paz y un sentimiento maravilloso en el que tenía absoluta seguridad de que tras la luz blanca venía un bienestar y felicidad. Al mismo tiempo, con aceptación, lo dejaba en manos de Dios, y sé ,de una forma muy vívida, que Dios, en esos momentos, estaba conmigo muy Presente. Lo que sentía era que aún no había llegado el momento de atravesarla, que aún quedaba camino por recorrer aquí en la tierra antes de ir al Más Allá.

Sé que para muchas personas ateas e incluso algunas creyentes, éste Testimonio no tiene ningún valor. Pero para muchísimos creyentes sí que lo tiene e incluso para muchos agnósticos. Lo que dice el Dr. Sans Segarra de las ECM es bastante coherente para mí.

Esperando que sirva de Testimonio y reflexión reciban un fraternal abrazo en Cristo Nuestro Señor.
Paz. Amén.
🙏🙏🙏
4/10/26 9:37 AM
Dura lex sed lex
Ya era hora de que alguien desenmascarase a este farsante con aires de intelectual. Esperemos que esté brillante artículo llegue a todos esos católicos, amantes del diálogo interreligioso y les haga reflexionar sobre el Dios verdadero.
4/10/26 12:13 PM
Margarita
He visto a este sr. explicando su Supraconciencia;( a los no lectores les convencerá...).El dia que subió el hombre a la luna no lo viví por sufrir un ECM; lo recuerdo perfectamente
Como testimonio
4/10/26 5:40 PM
Juan
Enri, el doctor Sans Segarra es un charlatán que habla de la reencarnación, es un masón de libro, trabajando para el diablo para confundir si puede a los elegidos.
4/10/26 6:10 PM
María de África
Muy buen artículo.Ese doctor es un vendedor de humos. Pero hay algunos otros que también venden humos, como un tal Roger Penrose, científico con Premio Nobel, que tiene un video titulado "¿por qué los inteligentes creen en Dios?" del que no hay nada especial que decir, pero si sigues con otros videos empieza a analizar "cientificamente" el Cristianismo y ya se pasa de la ciencia a la religión con un pase torero lo mismo que Sans Segarra. De los ateos me libro yo, de los deístas líbreme Dios.

4/10/26 9:20 PM
enri
Juan, dice Vd:
"Enri, el doctor Sans Segarra es un charlatán que habla de la reencarnación, es un masón de libro, trabajando para el diablo para confundir si puede a los elegidos."

"Es un charlatán que habla de la reencarnación".
Mire, el tema de la Reencarnación es sinónimo de Purgatorio. Por supuesto hay mucho escrito, es un tema muy amplio. Sería como si los lefebvrianos, ortodoxos y modernistas, que tienen corrientes teológicas e identitarias clave en la historia contemporánea de la Iglesia Católica, empiezan a hablar de la Historia de la Iglesia Católica. Sería un tema muy amplio en el que a 3 columnas cada episodio clave del Cristianismo Primitivo y de la ICAR habría muchos matices. Para simplificar bastante se podría ver únicamente el periodo que va del CVI al CVII y desde el CVII hasta hoy. Se ha escrito tantísimo........por parte de lefebvrianos, ortodoxos y modernistas y luego si añadimos a los filolebvrianos y muchas mas corrientes teológicas tendríamos que los matices crecerían y crecerían de forma exponencial....y por supuesto cada corriente dentro de la ICAR defendiendo que la suya es la completamente verdadera, incluso alguas personas dentro de cada corriente afirmándolo catagóricamente....Es la realidad en la que vivimos.....
5/10/26 2:20 PM
enri
Para simplificar: La Reencarnación no es descendente, eso significa que un servidor (y muchos) no cree en que una persona se pueda reencarnar en un animal. El cuerpo físico al morir queda en la tierra, pero el cuerpo astral de luz y energía (es decir: el cuerpo glorioso) y el cuerpo causal ( de pensamientos, sentimientos,....) pasa al plano astral. En el plano astral o tambien llamdo Universo Astral hay fundamentalmente 3 Moradas: La inferior o Infierno, la intermedia o Purgatorio y la superior o Cielo. En función del Juicio Inmediato cada alma ocupa su morada correspondiente en espara del Juicio Final.

Esta tierra es un Valle de Lágrimas, un Purgatorio Físico y lo primero que debemos purgar es el pecado original con el Sacramento del Bautismo. Si en el Purgatorio Astral podemos purgar todos los pecados, como serían las almas de los niños que mueren sin el Sacramento del Bautismo, Dios decidirá la manera en que se pueda hacer.....

Hay muchísimo de este tema y es muy serio y creo que se debe tratar con respeto. Es muy sencillo descalificar pero no es tan sencillo argumentar. Insisto: es sinónimo de Purgatorio.
El Sr. Pedro Gómez dispondrá lo que crea que debe disponer en su Blog.

Un cordial saludo.
5/10/26 2:22 PM
Redacción
Enri, esto no es un blog, sino un artículo de opinión en InfoCatólica. Y todo eso que dice usted sobre la reencarnación, el purgatorio astral, el cuerpo astral, etc. son barbaridades y disparates, completamente ajenos a la fe católica.

No se engañe a sí mismo, no es cosa de "corrientes teológicas". Eso que dice usted son despropósitos diametralmente opuestos a la Revelación de Jesucristo, a la enseñanza de la Iglesia y a la sana razón. InfoCatólica no es lugar para esas barbaridades.
5/10/26 3:43 PM
Juan Cruz, diácono.
Después de mas de diez años metido hasta las cachas en el torbellino de las espiritualidades de tipo new age, agradezco que la Redacción tenga a bien parar los pies a a estos vendedores de libros chapuceros y necios, y a quienes les siguen el juego dejándose llevar por lo que su entendimiento caprichoso y delirante les inspira.
Pero, según parece, la cizaña hay que dejarla crecer...
6/10/26 11:23 PM
Alberto G.
Coincido con usted en que el citado libro no es más que una sarta de majaderías que solo cuelan entre lectores incultos en ciencia y filosofía.
Aunque me surge una duda de sus afirmaciones: Si pensamiento necesita el cerebro... ¿una vez que el cerebro muere, dejamos de pensar?
9/10/26 11:44 AM
Masivo
La demencia tipo Alzhéimer daña el cerebro y destruye la memoria. ¿Las almas conservan memoria una vez el cerebro ha sido destruido?
10/10/26 6:58 AM
Seletotsira
El alma conserva la memória. Si el cerebro falla, falla el cerebro.

El señor Sans Segarra: los ratitos que le he escuchado, me han recordado a un político modelno, pero en metafísica.
11/10/26 1:03 PM
Masivo
Entonces, si el alma conserva la memoria, pero es notorio que los afectados por demencia avanzada pierden la memoria casi por completo, ¿eso significa que la enfermedad de Alzhéimer daña el alma también? ¿Por qué el alma de una persona con Alzheimer no puede acceder a su memoria?
13/10/26 3:50 PM
Seletotsira
"¿Por qué el alma de una persona con Alzheimer no puede acceder a su memoria?"

Te diría: porque se produce como un cortocircuito en el cerebro; son curiosos muchos testimonios de personas con demencia que poco tiempo antes de fallecer, recuperan cierta lucidez.
16/10/26 12:36 PM

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